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📖 A pesar de ser libre de todos, me hice siervo de todos para ganar a más. Para los judíos me hice judío, a fin de ganar a los judíos. Aunque yo mismo no estoy bajo la ley, para los que están bajo la ley me hice como bajo la ley, a fin de ganar a los que están bajo la ley. A los que están sin la ley, me hice como si yo estuviera sin la ley (no estando yo sin la ley de Dios, sino en la ley de Cristo), a fin de ganar a los que no están bajo la ley. Me hice débil para los débiles, a fin de ganar a los débiles. A todos he llegado a ser todo, para que de todos modos salve a algunos. Y todo lo hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él. ¿No saben que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero solo uno lleva el premio? Corran de tal manera que lo obtengan. Y todo aquel que lucha se disciplina en todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible; nosotros, en cambio, para una incorruptible. Por eso yo corro así, no como a la ventura; peleo así, no como quien golpea al aire. Más bien, pongo mi cuerpo bajo disciplina y lo hago obedecer; no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo venga a ser descalificado.

➡️🎙️En este capítulo el apóstol trata con algunos temas, pero quiero enfocarme en los últimos versos donde nos enseña la mentalidad del apóstol como predicador del evangelio, su método con el que llegaba al corazón de tantas personas de diversas culturas, pensamientos, creencias, niveles espirituales, etc. Y es el sencillo pero efectivo método: ponerse al nivel de cada persona. De esa forma él no llegaba imponiendo a la fuerza el evangelio, sino que lo presentaba según la perspectiva del oyente y de ahí los guiaba con paciencia hasta el conocimiento pleno de Cristo.

¿Cómo Pablo fue tan perseverante y firme en sus convicciones y en su forma de ejercitar su ministerio? Por su enfoque preciso en su misión como apóstol. Era un hombre disciplinado. Él mismo se compara con un deportista corredor que para competir necesita un nivel de disciplina estricto y con un enfoque claro del porqué lo hace. El atleta sabe que quiere alcanzar el premio, quiere ser número uno, quiere ser victorioso.
La clave para el cristiano que quiere ganar la carrera espiritual es golpear su cuerpo, es decir, someterlo como el deportista lo hace, no permitiendo que los deseos de la carne dicten sus acciones sino que sea la voluntad la que domine esos impulsos de procrastinación: irse de parranda, trasnochar, no dormir bien, comiendo comida chatarra, no ir al gimnasio, no entrenar, etc. Ellos sufren el dolor de los músculos desgarrandose por el estrés que reciben en cada entrenamiento, se niegan así mismo y rechazan las invitaciones de sus amigos, de fiestas y de diversiones. Ellos saben que no es el tiempo de esas cosas.
De la misma manera dominamos nuestros impulsos de procrastinación, doble ánimo, hipocresía viviendo una vida cristiana falsa, cuídate de malos hábitos pensando que nadie se dará cuenta ignorando que Dios si te ve.
Así como el deportista indisciplinado que refleja su estado físico a la hora de competir, la vida cristiana de un creyente se refleja también, tarde o temprano, en su forma de hablar, actuar o reaccionar ante la prueba.
No importando eres soltero o casado,hombre o mujer, joven o anciano, recién convertido o ministro ordenado, todos debemos de tener en claro que nuestra meta es ser luz en la tinieblas, permanecer firme ante las diferentes pruebas y tentaciones, apartarnos de cualquier cosa que nos quiera separar del amor de Dios y llegar a la meta final qué es retener la corona de salvación, de gloria, de vida eterna.
Consideremos:
¿Cuáles son nuestras metas en Dios?
¿Eres proactivo en tus propósitos como cristiano?
¿Tienes en claro que no debemos dar mal ejemplo para no empañar el evangelio y decepcionar los corazones de los que te miran con aprecio por ser un buen cristiano?

Soy tu amigo Eduardo Rodríguez. Esp


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