📖 Romanos 8:1-15 RVA2015:
Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús , porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque Dios hizo lo que era imposible para la ley, por cuanto ella era débil por la carne: Habiendo enviado a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne para que la justa exigencia de la ley fuese cumplida en nosotros que no andamos conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque los que viven conforme a la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la intención de la carne es muerte, pero la intención del Espíritu es vida y paz. Pues la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios ni tampoco puede. Así que los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Sin embargo, ustedes no viven según la carne sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en ustedes. Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, no obstante el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos mora en ustedes, el que resucitó a Cristo de entre los muertos también les dará vida a sus cuerpos mortales mediante su Espíritu que mora en ustedes. Así que, hermanos, somos deudores, pero no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si viven conforme a la carne, han de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las prácticas de la carne, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no recibieron el espíritu de esclavitud para estar otra vez bajo el temor sino que recibieron el espíritu de adopción como hijos, en el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”.
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Ya aprendimos lo que Pablo nos explicó acerca de la ley de Moisés que nos mostraba lo que estábamos viviendo, y la ley del pecado es la que nos condenaba, pues somos atraídos por naturaleza al pecado. Esa ley nos encarcela y nos mantiene en un estado de muerte. Pero ¡ahora vivimos bajo la ley del Espíritu que nos transmite perdón y vida!, pues esa ley se manifiesta en la obra de Jesús en la cruz.
Ahora, la condición para vivir bajo la ley del Espíritu y disfrutar de sus beneficios es que debemos vivir vidas conforme al Espíritu y no a la carne. Es nuestra responsabilidad y elección de cómo vamos a vivir: haciendo obras carnales que nos tienen atados o vivir conforme al Espíritu. Y si elegimos vivir conforme al Espíritu, lo carnal va muriendo y lo espiritual nos mantiene vivos.
Una de las formas de no caer en la muerte del pecado otra vez es recordar quién eres tú, tu nueva identidad, tu nueva familia y quién es tu Padre.
Conozco muchas personas que viven bajo la ley del pecado de sus padres y ellos llevan esa marca de vergüenza. Tenían un padre que fue un borracho, mujeriego, un estafador y engañador. Tenían una madre con heridas emocionales y descargaba su ira contra sus propios hijos.
Tal vez hayas vivido una mala experiencia con tus padres, un trauma que te trajo mucha tristeza y dolor, palabras ofensivas marcaron tanto tu vida que aún todavía te salen lágrimas con solo recordarlas.
Hoy te recuerdo que tu Padre Celestial está aquí en este momento para consolarte, para darte vida, para derramar todo su amor y revelarte un futuro precioso que tiene para ti; Él quiere darte una verdadera razón de vivir. Pero tenemos que vivir continuamente en el Espíritu, como el agua que debemos tomar a diario o sino nos deshidratamos, como los alimentos que debemos consumir todos los días porque nos nutren.
Vivamos en el Espíritu y hagamos morir todos los días los deseos de la carne. Acércate hoy en oración sin temor, y dile:¡Abba, Padre! Soy tu amigo Eduardo Rodríguez. 😇
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