Éxodo 21: Esclavo por voluntad propia.
Éxodo 21:1-17:
1 “Estos son los decretos que expondrás ante ellos: 2 “Cuando compres un esclavo hebreo, seis años te servirá; pero al séptimo saldrá libre, gratuitamente. 3 Si entró solo, solo saldrá. Si tenía mujer, entonces su mujer saldrá con él. 4 Si su amo le ha dado mujer y ella le ha dado hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo; y él saldrá solo. 5 Y si él insiste en decir: ‘Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos; no quiero salir libre’, 6 entonces su amo lo acercará ante los jueces, lo acercará a la puerta o al poste de la puerta y le horadará la oreja con una lezna. Y le servirá para siempre.
7 “Cuando alguien venda a su hija como esclava, esta no saldrá libre de la misma manera que suelen salir los esclavos varones. 8 Si ella no agrada a su señor, quien la había destinado para sí mismo, él ha de permitir que ella sea rescatada. No tendrá derecho de venderla a un pueblo extranjero, por haberla decepcionado. 9 Pero si la ha destinado para su hijo, hará con ella como se acostumbra hacer con las hijas. 10 Si él toma para sí otra mujer, a la primera no le disminuirá su alimento, ni su vestido, ni su derecho conyugal. 11 Si no le provee estas tres cosas, entonces ella saldrá libre gratuitamente, sin pagar dinero.
12 “El que hiere a alguien causándole la muerte morirá irremisiblemente. 13 Pero si él no lo premeditó, sino que Dios permitió que cayera en sus manos, entonces yo te pondré el lugar al cual ha de huir. 14 Pero si alguno actúa con premeditación contra su prójimo y lo mata con alevosía, lo quitarás de mi altar para que muera.
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Vamos a comenzar a leer con detalle en los próximos capítulos todos los mandamientos, estatutos y decretos que Dios estableció para el pueblo de Israel, y es lo que llamamos la ley de Moisés o la ley antigua.
Nosotros, que ahora no vivimos bajo la ley de Moisés sino bajo la ley de Cristo, o sea en el tiempo de la gracia, debemos leer estas leyes pensando en que muchas de ellas no aplican a nosotros sino solamente al pueblo de Israel que estaba bajo la ley. Muchas de estas leyes fueron diseñadas para establecer un orden de convivencia entre el pueblo y para tener un orden moral, cívico y espiritual en medio del pueblo.
Van a ver muchos ejemplos de leyes de convivencia y el justo trato, como por ejemplo, el cuidado a los esclavos, pero esto no lo podemos aplicar a nuestra vida porque ya se ha abolido esta costumbre en el mundo, aunque era común años atrás. Además, en el tiempo bíblico, usualmente existían ciertas reglas para adquirir, usar y liberar esclavos. Estas leyes Dios las puso para establecer un orden legal y combatir las injusticias que se cometían contra ellos.
Lo que sí podemos poner en práctica son las lecciones que encontramos detrás de estas leyes.
En la antigua ley encontramos muchas lecciones morales y espirituales; por ejemplo, aquí en los primeros versos vemos cómo un esclavo tenía el derecho de salir libre después de haber servido cierto tiempo. Por razones de dinero y escasez la persona se vendía a sí misma y renunciaba a su autonomía para poder pagar alguna deuda o recibir sustento como alimento y abrigo. En vez de ser esclavo toda la vida como en otras culturas, la ley de Moisés indicaba que el esclavo debía ser liberado otra vez después de 7 años, pero si su amo o señor le permitía casarse y tener hijos, su esposa y sus hijos debían quedar bajo servidumbre.
La ley permitía al esclavo seguir bajo servidumbre de manera voluntaria si él no quería dejar a su esposa e hijos y, además, estaba contento con el trabajo que estaba haciendo bajo las órdenes de su amo.
El proceso legal era que debía ir ante testigos y debía permitir que su amo le hiciera un hueco en el lóbulo en la oreja como señal de sometimiento voluntario a servidumbre.
Igualmente, nosotros debemos tener la misma actitud ante el Señor. El pagó el precio por nuestros pecados. ¡Somos libres! Pero como nuestro Señor y Dueño de nuestras almas nos ha tratado tan bien y nos ha dado bendiciones, debemos voluntariamente rendirnos completamente, renunciar a nuestro derecho de libertad y sujetarnos a las órdenes del Señor que ha sido tan bueno con nosotros.
Pablo dijo en Gálatas 2:20: “Con Cristo he sido juntamente crucificado; y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Pablo se sentía como aquel siervo que tenía en su cuerpo la señal de siervo voluntario. Ya no quería hacer su propia voluntad sino lo que Jesús le indicara hacer.
Cuando nos sometemos a Dios, el enemigo ya no tendrá autoridad sobre nosotros para esclavizarnos en lugares donde nuestras vidas no tienen valor, y donde la paga del trabajo es muerte. En cambio, ¡en la casa de Dios seguimos con amor y voluntad porque allí lo tenemos todo!
Soy tu hermano y amigo Eduardo Rodríguez.
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Exodus 21: Slave by own will.
Exodus 21:1-17:
“Now these are the judgments which you shall set before them: If you buy a Hebrew servant, he shall serve six years; and in the seventh he shall go out free and pay nothing. If he comes in by himself, he shall go out by himself; if he comes in married, then his wife shall go out with him. If his master has given him a wife, and she has borne him sons or daughters, the wife and her children shall be her master’s, and he shall go out by himself. But if the servant plainly says, ‘I love my master, my wife, and my children; I will not go out free,’ then his master shall bring him to the judges. He shall also bring him to the door, or to the doorpost, and his master shall pierce his ear with an awl; and he shall serve him forever.
“And if a man sells his daughter to be a female slave, she shall not go out as the male slaves do. If she does not please her master, who has betrothed her to himself, then he shall let her be redeemed. He shall have no right to sell her to a foreign people, since he has dealt deceitfully with her. And if he has betrothed her to his son, he shall deal with her according to the custom of daughters. If he takes another wife, he shall not diminish her food, her clothing, and her marriage rights. And if he does not do these three for her, then she shall go out free, without paying money.
“He who strikes a man so that he dies shall surely be put to death. However, if he did not lie in wait, but God delivered him into his hand, then I will appoint for you a place where he may flee.
“But if a man acts with premeditation against his neighbor, to kill him by treachery, you shall take him from My altar, that he may die.
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We are going to start reading in detail in the next chapters all the commandments, statutes and decrees that God established for the people of Israel, and it is what we call the law of Moses or the old law.
We, who now don't live under the law of Moses but under the law of Christ, that is, in the time of grace, must read these laws thinking that many of them don't apply to us but only to the people of Israel who were under the law. Many of these laws were designed to establish an order of coexistence among the people and to have a moral, civic and spiritual order among the people.
You will see many examples of laws of coexistence and fair treatment, such as care for slaves, but we cannot apply this to our lives because this custom has already been abolished in the world, although it was common years ago. Also, in biblical times, there were usually certain rules for acquiring, using and freeing slaves. These laws God put them to establish a legal order and combat the injustices that were committed against them.
What we can put into practice are the lessons we find behind these laws. In the old law we find many moral and spiritual lessons; for example, here in the first verses we see how a slave had the right to go free after serving a certain time. For reasons of money and scarcity, the person sold himself and renounced his autonomy in order to pay some debt or receive sustenance such as food and shelter. Instead of being a slave for life as in other cultures, the law of Moses indicated that the slave should be freed again after 7 years, but if his master or lord allowed him to marry and have children, his wife and their children were to remain in servitude.
The law allowed the slave to remain in servitude voluntarily if he did not want to leave his wife and children and, in addition, he was happy with the work he was doing under the orders of his master.
The legal process was that he had to go before witnesses and had to allow his master to make a hole in his earlobe as a sign of voluntary submission to servitude.
Similarly, we should have the same attitude before the Lord. He paid the price for our sins. We're free! But since our Lord and Owner of our souls has treated us so well and given us blessings, we must voluntarily surrender completely, give up our right to freedom and submit to the orders of the Lord who has been so good to us.
Paul said in Galatians 2:20: “I have been crucified with Christ; it is no longer I who live, but Christ lives in me; and the life which I now live in the flesh I live by faith in the Son of God, who loved me and gave Himself for me.”
Paul felt like that servant who had on his body the mark of a willing servant. He no longer wanted to do his own will but what Jesus told him to do.
When we submit to God, the enemy will no longer have authority over us to enslave us in places where our lives are worthless, and where the pay of work is death. On the other hand, in the house of God we continue with love and will because there we have everything!
I am your brother and friend Eduardo Rodríguez
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