“Entre ruinas y respiraciones, hay sonidos que no se extinguen: solo esperan ser escuchados.”
A veces el silencio ladra es una narración sonora sobre lo que permanece cuando la materia cede. Una voz encontrada en la memoria de una grabadora, un jadeo canino entre el polvo, una respiración que insiste: todo lo que la muerte no consigue callar.
¿hasta dónde llega el eco de quienes cuidaron de nosotros?
El relato, en apariencia documental, se convierte en una experiencia de escucha sobre la presencia invisible que habita la pérdida.
En esta obra, el oyente no asiste a un rescate, sino a un reencuentro: entre un rescatista atrapado y la sombra de un perro que quizá fue real, quizá fue suyo, quizá es el nuestro. El relato no nombra, sugiere; no muestra, evoca. El perro podría ser Frida, el símbolo nacional del cuidado; podría ser el perro de la familia encontrada entre los muros; o podría ser —en ese eco íntimo del oído— el perro que cada quien ha amado y aún escucha caminar por la casa vacía.
El sonido actúa como puente entre lo tangible y lo ausente: jadeos, polvo, metal, respiraciones, interferencias. Todo conforma una topografía del duelo.
Esta pieza se sostiene sobre la idea de que escuchar es también cuidar, y que la memoria sonora puede transformar la ausencia en una forma distinta de presencia.
No es una historia sobre la muerte, sino sobre lo que sigue respirando cuando el silencio aprende a ladrar.
Dirección, Producción, Guion, Voz: Eduardo Martínez S.
Revisión y guion: Claudia Martínez S.