Reimaginando la Propiedad Intelectual en la Era del Lujo Tecnológico
Estoy organizando este evento exclusivo en Ginebra el 1 de septiembre, durante el Luxury Innovation Summit. Cupos limitados, únete a la conversación.
En este episodio hablamos como la revolución digital ha transformado la fama en un activo comercializable, pero ¿quién posee realmente la identidad de un influencer? Descubrimos el fascinante mundo legal que opera tras bastidores en la economía de creadores digitales, donde nombres, rostros y hasta estilos se convierten en propiedad disputada.
Navegamos por casos emblemáticos que revelan lecciones cruciales para cualquier creador de contenido. Desde Charlie D'Amelio registrando estratégicamente su nombre antes de que su fama explotara, hasta la batalla entre las Kylies (Jenner vs Minogue) por el derecho a comercializar un nombre. Exploramos la peculiar "demanda del sad beige" que intentó reclamar propiedad sobre una estética completa, y cómo Kim Kardashian enfrentó obstáculos legales inesperados al lanzar SKKN.
Los derechos de imagen emergen como territorio crítico para influencers, con variaciones significativas entre jurisdicciones. Mientras algunos países ofrecen protecciones robustas contra el uso no autorizado de la identidad personal, otros apenas reconocen estos derechos. Esta complejidad se amplifica con la llegada de influencers virtuales como Lil Miquela y Nono Uri, creaciones digitales que plantean interrogantes revolucionarios: ¿quién posee un rostro que nunca existió en la realidad?
El metaverso y la inteligencia artificial añaden capas adicionales de complejidad con deepfakes, avatares y colaboraciones digitales que desdibujan las fronteras entre lo real y lo virtual. Marcas de lujo como Balmain, Prada y Louis Vuitton ya navegan estas aguas, colaborando con personajes completamente generados por computadora que ofrecen control narrativo perfecto sin riesgos de escándalos humanos.
Descubre las cinco estrategias esenciales que todo creador digital debe implementar para proteger su identidad en este nuevo ecosistema donde la fama se construye en píxeles y la propiedad intelectual determina quién controla la narrativa digital.