Hace dos años y medio, la localidad granadina de Peligros veía nacer un novedoso proyecto de alta cocina. Al frente del restaurante Panema Gastrobar estaba una pareja formada por dos jóvenes de procedencia y formación distintas, pero complementarias. Él, Iván Serrano, de Talavera de la Reina, se había especializado en el mundo de la cocina y se había curtido en el programa de televisión Top Chef. Ella, María Eugenia Guerrero, de Rute, se había licenciado en Turismo en Sevilla. El destino les hizo coincidir en la localidad toledana de Torrico. Allí descubrieron que no sólo se compenetraban como pareja. También vieron claro que sus respectivos conocimientos podían sumar. La creatividad culinaria de Iván y la capacidad de María Eugenia para explotar las posibilidades del turismo gastronómico cristalizaría en un proyecto original.