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La pasada semana volvimos a hablar con Eugenio, el pastor de Robladillo. El ruido de las cencerras que sonaban de fondo y el del viento que se colaba por el teléfono parecían una metáfora del mucho ruido que conforma la actualidad de nuestro país. Eugenio sigue siendo el peleón de siempre. Lucha por su salud sin amedrentarse por la quimioterapia y lucha contra lo que considera injusto. Andaba bien cabreado el otro día con los políticos que hablan de cosas que para él son menos importantes que el precio del gasoil, la leche o la electricidad. Al preguntarle por qué creía que la gente no reaccionaba fue muy claro: "Están acojonaditos" sentenció.