A veces, las palabras simplemente no son suficientes.
Ese es el caso de las canciones que escucharemos, que contienen silbidos que en mayor o menor medida las hacen más bellas.
Los músicos que se enumeran a continuación optaron por juntar los labios y soplar cuando su canción necesitaba algo extra.
Un pequeño silbido bien colocado puede transmitir una reflexión junto a la bahía, la paranoia de la Guerra Fría o la frustración de una relación en problemas.
En esta edición de Punto Muerto, escucharemos algunos clásicos de artistas que optaron por silbar mientras trabajaban.
En ese sentido, comenzábamos el programa con “Young Folks”, del álbum “Writer's Block”, del grupo sueco Peter Bjorn and John.
Esta preciosa canción del año 2006, es un perfecto ejemplo de cómo usar el silbido como un riff, que impulsa la melodía desde el mismísimo principio del tema.
Continuaremos con “Games Without Frontiers”.
El despecho casi mecánico de Peter Gabriel sobre la política mundial en el siglo XX (o, si se prefiere, el concurso europeo anual "Juegos sin fronteras") presenta un puente que incorpora un estribillo marcial que recuerda a “La Marcha Sobre el Río Kwai”.
Mientras esto sucede, el cantante grita “Melodías silbantes con orina sobre los matones en la jungla”, después de silbar el motivo estridente junto con los productores Hugh Padgham y Steve Lillywhite.
Un verdadero golpe de gracia.
Después vamos con una canción perteneciente al álbum “Station To Station” de 1975.
En los momentos finales de esta pieza de soul plástico, David Bowie introduce un silbido que atraviesa el denso funk.
Casi cualquier otra cosa se habría perdido entre las guitarras, pero ese toque hace llegar al tema a su clímax.
Además, los silbidos la convierten en una culminación perfectamente despreocupada de 'Golden Years', que capturó a Bowie en el apogeo de su genialidad.
Los pesados no solamente hacen baladas, también silban en ellas.
En este caso, "Wind of Change" sale directamente de los labios del líder de Scorpions, Klaus Meine, quien silba la introducción de esta clásica balada.
La canción se inspiró en la visita de Scorpions a Rusia en los últimos días de la Unión Soviética.
“Wind of Change”, perteneciente al álbum “Crazy World”, acompañó la caída de la URSS en 1991, convirtiéndose en un éxito en todo el mundo.
Antes que eso, escucharemos el primer single de “GN’R Lies”, segundo álbum de Guns N’ Roses de 1988.
La introducción silbada de Axl Rose en esta tierna balada es casi que el equivalente en la canción al riff de Slash en "Sweet Child o' Mine".
Solo con la mención del tema, probablemente te imagines a Axl en el micrófono silbando.
Izzy Stradlin compuso y escribió la letra de “Patience”, pero los silbidos de Axl, que duran casi un minuto al comienzo de la canción, son por lejos el elemento más destacado de éste clásico de Guns N' Roses.
Desde la primera joya solista de Paul Simon, su álbum homónimo de 1972, escucharemos esta historia un tanto inescrutable de dos muchachos neoyorquinos, con una hermosa melodía y una percusión ecléctica que incluye una cuica brasileña.
Independientemente de lo que se trate la canción, hay una irresistible sensación de alegría que irradia "Me and Julio Down by the Schoolyard", cuyo punto culminante es esa especie de solo silbado que hace instantáneamente memorable a la canción.
Y si hablamos de canciones con silbidos memorables, es probable que una de las primeras que se te vengan a la mente sea este clásico de 1988 de Bobby McFerrin.
“Don't Worry, Be Happy”, del álbum “Simple Pleasures”, fue la primera canción a capella en alcanzar el número uno en el Billboard Hot 100, posición que ocupó durante dos semanas.
Lanzada originalmente junto con la película “Cocktail”, la canción alcanzó el puesto número uno el 24 de septiembre de 1988, desplazando a "Sweet Child O' Mine" de Guns N' Roses.
El ex Beatle era igualmente experto en soplar a través de una armónica como a través de sus labios.
Es él quien silba en el final de “Two of Us” de los Fab Four, así como en la sección central de esta balada bellísima del álbum en solitario “Imagine” de 1972.
John Lennon y el productor Phil Spector podrían haber dejado que las cuerdas tomaran el control en esta parte de la canción, pero los silbidos mantienen a John en el centro de "Jealous Guy".
Luego seguimos con “The Stranger”, canción del álbum del mismo nombre de 1977, de Billy Joel.
La historia cuenta que el cantautor pensó que algún tipo de instrumento debería proporcionar la melodía melancólica en la introducción y el final, pero después de que el productor Phil Ramone escuchó a Joel silbar la melodía, pensó que no necesitaba cambiar absolutamente nada.
La atmósfera de la esquina de la calle a altas horas de la noche que proporciona el silbido de Billy, es el contrapeso perfecto para la parte principal funky que habla sobre el lado más feo de nosotros mismos.
Abriremos la tríada de canciones con una de “Breakfast in America” del año 1979.
La única contribución de John Helliwell a este éxito de Supertramp no dura mucho, aunque no podrías imaginar la canción sin ella.
Sobre el órgano de Rick Davies, Helliwell contribuye con un pequeño silbido, justo antes de que suene la guitarra y nos vayamos al falsetto del coro.
Supertramp podría haber puesto allí un saxofón o un teclado o un solo de guitarra, pero en esos fugaces segundos optaron por silbar.
Es un momento inolvidable en “Goodbye Stranger”.
La canción más emblemática de Otis Redding encuentra al cantante de soul cansado de la carretera, pero descubriendo una aparente paz al contemplar la bahía de Frisco.
La leyenda de la música murió pocos días después de grabar su voz para “Dock of the Bay”, dejando a su amigo y co-compositor Steve Cropper para terminar la canción.
Booker T. y el guitarrista de M.G., angustiados por la muerte de Otis en un accidente aéreo, lucharon por completarlo e incluso jugaron con la idea de que los Staple Singers hicieran coros.
En cambio, se optó por efectos de sonido de olas y gaviotas, junto con una coda silbada que se convertiría en uno de los sellos distintivos de la canción.
El líder de la banda de Redding, Sam "Bluzman" Taylor, fue el que se hizo cargo de silbar ese fragmento característico del final de “Dock of the Bay”, el primer éxito póstumo No. 1 en la historia de los EE. UU.
Silbando bajito, llegamos al final de este episodio de Punto Muerto.
Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo.
“Elvis is still in the building, goodnight Montevideo City.”