La banda empezó a tocar y el sonido suave del piano llenó el pequeño bar de jazz. La voz del cantante se unió a la música, y la combinación de su voz y la música era mágica.
La multitud estaba hipnotizada por la voz del cantante, que parecía contar historias con cada nota. La música tenía el poder de transportarlos a otro lugar, a otro tiempo, y la audiencia se dejó llevar por la emoción de la música.
Cuando finalmente la música llegó a su fin, la multitud aplaudió y vitoreó a la banda. Los músicos se despidieron del público, y el cantante, con una sonrisa en el rostro, agradeció al público por compartir esa noche mágica con ellos.
La música era su vida, su pasión, su razón de ser, y esa noche lo habían demostrado. La música tenía el poder de unir a la gente y crear momentos mágicos que quedarían en la memoria de la audiencia para siempre.
Y de aquí la importancia del público en una sesión de jazz...