De pequeño quiso ser pianista de jazz y tanto practicó que algunos amigos
suyos dicen que «tocaba hasta que le sangraban los dedos«, refiriéndose a
la época en la que estaban en el instituto.
Clint Eastwood afirma que su amor por el jazz y el piano le vienen de
cuando era pequeño y su madre llegaba a casa con discos de Fats Waller
diciendo que eso sí que era tocar el piano de verdad. Además, también
afirma que «Siempre he sentido que el jazz y el blues eran verdaderas
formas de arte estadounidense. Quizás las únicas formas de arte realmente
originales que tenemos.