Bien lo dijo el Papa Francisco, los migrantes son sobrevivientes. Es necesario cambiar el enfoque de “indeseables” en una cultura en donde predomina la indiferencia, por una visión solidaria y compasiva.
La crisis migratoria de hoy en el mundo es un reflejo de los tiempos que vivimos de gran desigualdad. Mientras unos países viven en un entorno de abundancia, en otros predomina la carencia de todo. Por supuesto, lo que se tiene es producto de trabajo y una eficiente administración de recursos públicos. Las personas migrantes están sometidas a gobiernos que no han podido combatir la violencia, la presencia de grupos criminales, la pobreza y la falta de acceso a servicios básicos de derecho a la salud, a la alimentación, educación y oportunidades de empleo.
Lo que vemos en la frontera con Estados Unidos, en donde aproximadamente llegan 9 mil migrantes por día, cantidad que se ha incrementado en las últimas semanas, también se aprecia en Europa en donde se calcula que 12 mil personas han llegado a la Isla Lampedusa del mediterráneo al sur de Italia. Habría que agregar a quienes se mueren en el camino. Y los números van al alza.
Es una crisis humanitaria que requiere soluciones integrales y colaborativas entre los países de origen-tránsito-destino. Sin fines partidistas o electorales y con enfoque de derechos humanos.