Nuestro tercer patriarca, Iaacov, se radicó en la tierra que le fuera prometida a su familia, por ese entonces conocida como la tierra de Canaan.
Él prefirió a uno de sus hijos, Iosef que era el primogénito de su extinta esposa Rajel, por sobre el resto de sus hijos, provocando de esa manera que se intensificaran las disputas familiares, y un intenso malestar y odio entre los hermanos. Entre los actos de favoritismo la parashá destaca el regalo de una prenda de vestir propia de príncipes, como lo era una túnica multicolor.
Iosef irrita constantemente a sus hermanos, llevando a Iaacov habladurías acerca de ellos, y también al narrarles sus sueños, en los cuales se representaba como un poderoso señor que avasallaba a sus hermanos y familia.
Iosef es enviado a visitar a sus hermanos, que a la sazón pastorean el ganado lejos del hogar, habiendo llegado a Shejem, los hermanos lo distinguen y deciden darle lo que ellos consideran el justo escarmiento: la muerte por soñar sueños. Pero, siguiendo el consejo del primogénito Reuven, prefieren