En pleno agosto, sin vacaciones y con el aburrimiento apretando fuerte, mis vecinos Álvaro y Miguel estaban tan ociosos como yo. Una tarde llamaron a mi puerta y pensé que venían a pedirme cualquier cosa sin importancia.
Nada más abrir, me llevé una sorpresa que me cambió el ánimo por completo. Sin rodeos, me confesaron que estaban agobiados y que, si yo quería, habían venido a darme una alegría muy especial. La propuesta fue tan directa como tentadora.
¿Quieres saber qué les respondí y cómo terminó esa visita inesperada? Dale play y disfruta de este relato cargado de deseo, morbo y un verano que dejó de ser aburrido.
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