"Soy el Hijo de Dios, pleno, sano e íntegro, resplandeciente en el reflejo de Su Amor. En mí Su creación se santifica y se le garantiza vida eterna. En mí el amor alcanza la perfección, el miedo es imposible y la dicha se establece sin opuestos. Soy el santo hogar de Dios Mismo. Soy el Cielo donde Su Amor reside. Soy Su santa Impecabilidad Misma, pues en mi pureza reside la Suya Propia".
Dejaremos de utilizar palabras, para ofrecer a Dios, hemos encontrado nuestro propósito y seremos los mensajeros que hablan en Su Nombre, llevando Su Palabra a todos aquello que Él nos envía, nuestra mente ha cambiado con respecto al objetivo para que que vinimos y al que ahora procuramos servir.