El profeta Ezequiel tuvo una visión que actualmente podríamos decir que sigue confirmándose. Vivimos como huesos secos, algunos con carne, pero sin Espíritu. Lo que le fue revelado a Ezequiel por Dios, es tan sólo un adelanto de la manera en la que estamos viviendo. No permitamos que la monotonía y la falta de fe acaben con nuestro ser.