La Vida Cristiana no siempre discurre como aquello que aprendimos en el colegio, como esa línea recta como el camino más corto entre dos puntos. A menudo recorremos líneas curvas. Incluso a veces recorremos líneas en espiral dando tumbos sin saber qué opción escoger, o qué decisión tomar.
Así que, por un lado, confesamos por nuestra fe y fidelidad a Dios pero al mismo tiempo nos apoyamos en otras confianzas y en otras fidelidades que no son Dios.
Quizás muchos creyentes prefieran pensar que la vida cristiana es una línea recta siempre ascendente, pero lamentamos decir que eso sería engañarse a uno mismo y que la Escritura y la experiencia nos dicen que frecuentemente no es así.
Hablamos hoy de las paradojas, de los contrasentidos de la Vida Cristiana, como si anduviéramos con muletas a veces: apoyándonos en Dios las más de las veces; apoyándonos en nosotros mismos otras veces
Así le ocurrió también a Israel en muchas ocasiones y especialmente lo vemos en el texto del pasaje que consideramos hoy en el primer Libro de los Reyes capítulo 18 versículos 20 al 39.
Hoy veremos como la ansiedad y el estrés pueden provocarnos sentimientos de estancamiento espiritual y abandono. Como Elías en este pasaje, quien vivió un momento de extrema ansiedad y pidió a Dios que lo dejara morir, estos sentimientos de desesperación y desesperanza pueden hacer que las personas cuestionen su fe y se sientan desconectadas de Dios. Sin embargo, debemos recordar que Dios siempre está presente, incluso en momentos de oscuridad y desesperación.