Vox sigue más que quizá ningún otro partido la ley férrea de la lucha de poder entre sus miembros que finalmente acaba derivando en una oligarquía formada por una pequeña cúpula de personas o en un líder absoluto, como en este caso. Santiago Abascal dice que el juguete es suyo y, demostrando lo buen tirano y traidor que es, se acaba de quitar de encima a otro de los que parecía ser de su núcleo cercano, Javiert Ortega Smith. El panorama de la izquierda no es que esté mucho mejor. Se prepara con el independentista de ERC, Gabriel Rufián. Se avecina una buena guerra de egos para ver quién acaba siendo el líder que haga frente al avance de la derecha impidiendo que Abascal pueda ocupar una cartera de ministro.