Ese era, entre otros, uno de los himnos que los niñatos de doce años canturreábamos en aquel 1985 español; himno que seguramente habíamos escuchado en alguna de aquellas emisoras piratas que en aquel entonces proliferaban desde la habitación de algún heavy pertinaz y que para coger mejor la señal tenías que entreabrir las ventanas de tu habitación, entonces le dabas el rec y al play a la vez, grababas el tema y pasabas semanas escuchándolo en tu TDK. Eran otros tiempos, si, alguno dirá que casposos, y tal vez tenga razón, pero fue una época encantadora de la que muchos de nosotros estamos muy orgullosos y en la que descubrir un grupo como Sobredosis y un enorme disco como este era oro puro, y que ahora recordándolos continúan poniéndonos la carne de gallina.