Vosotras, mis mil amores
vosotras, todas las flores que formasteis mi jardín,
no es que no os quise entonces allá en la historia,
es que se revelaron como corceles en sus llanuras
y me quisieron arrebatar la libertad en una noche.
Pedir, no dar sino reproches a cada instante,
tener en mano el arma justa con la que dar golpe certero
y esa palabra que utilizaste, por liberarte
¡no sé de qué!, sólo quería únicamente amarte.
Tus, "ahora no quiero", "ahora no puedo"
tus tristes y programados “estoy cansada”
¿Cansada de amar? ¿Quién es aquél que se derrota
con la pasión? ¿Quién se derrumba con unos besos,
unas caricias, y esa mirada que desmenuza
a cada instante, toda la fuerza de un gran amor?
¿quien es aquel?
.
Ya es el momento de liberarme de esos amores
que roban parte de superficie a mi corazón,
que su recuerdo se ha vuelto añejo,
que sus retratos se han vuelto viejos
aunque sus rostros estén lozanos en mi recuerdo
dando a mis labios aquel sabor que aún duerme en ellos.
Yo no he cambiado, me sigo abriendo
a recoger como haz de trigo
una caricia envuelta en hilos de la esperanza,
una mirada que haga morir la desesperanza,
quiero esperar del Universo una razón
que traiga a mí nuevos instantes
con la energía con que empezaron vuestras miradas,
con la avaricia de desearme como animal.
Mas, ya es muy tarde, hay una mano junto a mi mano,
cuando la miro ella me mira, cuando la beso ella suspira
como mil flores en mi jardín.
Ya es muy tarde,
se completan todos mis ciclos,
cuando su pelo se me entrelaza entre los dedos,
cuando descansa en mi regazo bajo una sombra.
Ahora soy libre,
la libertad está rodándome con sus alas,
ahora respiro porque respiro el mismo aire
que ella respira, ahora soy libre,
porque ella me empuja a cada instante
a que la encuentre en el sabor de la libertad.
CHEMA MUÑOZ©