Voy a cruzar de un gran salto el jardín que nos separa,
la mampara y los rosales, para ver si se te mueve por fin
ese corazón que me trae al desconcierto
desde el comienzo de un cuento
que me cuentas con pinceles.
.
Voy a llorarte las mieles que mis ojos te amenazan,
cubriéndote de la lluvia y el cristal de estar contigo,
con mi mano en el suspiro que da al quicio en tu mirada.
.
Yo quisiera ser el agua que corre por andurriales,
la que te mece los pies cuando descansas mi orilla,
la que arrulla tus ensueños y ser también ese dueño
que se adueñe de tu sombra cuando iluminas la noche.
.
Te veo ir y venir entre dudas y requiebros
uniéndote a los paisajes del insomnio,
en tu almohada venirte del horizonte
con preguntas sin respuestas,
abrir y cerrar las puertas de los cuadros
que imaginas con nieves,
nubes y granizos deslizándose en tu llanto.
.
El invierno desea a veces adueñarse de tu lluvia,
convertirte en ese azul con que viste los glaciales,
ahondarse hasta tus adentros y hacerte ser transparencia,
deslizarse por tu sangre atravesando los bosques
montes llenos de silencio, acunarte entre sus copas
y brindarte con ternura.
.
Mas no sabes cruzar los valles ni nacerte golondrina,
ni rio con su corriente, ni la hierba que la fuente abraza
cuando atardece.
.
El color de tus zapatos se asemeja al de los peces
con la plata en tus pupilas y el verde de una manzana.
.
Me dormiré entre tus sienes,
entre el idilio del sol y la sal de las paredes que brota de tu nostalgia,
me quedaré sin tu rostro, sin el borde de los mares
al run run de los altares y el canto de las abejas.
.
Amaneces al camino con un vestido de luz,
con la corona en la frente con libros de manantiales,
con la plata de la luz que va a dormirse de nuevo.
Chema Muñoz©