Siento que se desborda en mí el rojo de mi adentro,
el fuego de mi ira, las olas de mi sangre,
las dunas de tu piel,
se inflama la mañana allá en la lejanía,
se duerme ya la luna,
vienen las golondrinas haciéndose gigantes
con esa algarabía de tromba en los tejados.
Siento entrarme a la luz
como entrando en la bruma,
como lamiendo la espuma que retoza en tu arena,
dar la espalda a la lluvia
para sentir su mano, ser ese reclamo
atrayendo sentidos.
Siento ser los latidos del ser que se embadurna
de los oros que el sol desgarra en arañazos,
dándole los reflejos a espejos de las aguas
robándole a las nubes los latidos del cielo,
ser yo sin intentar ese reflejo azul
que alumbra la mirada,
ser tú la fuerza eterna de serme en la mañana
el abrazo de un beso,
la voz que con un grito orienta las montañas,
que se sepan verdades,
que se mientan latidos robados del silencio,
que se rompan mis manos tocando tu horizonte
plateando las olas de espuma de tu pelo.
Te poseo hace tanto que me duelen los versos,
me derramo en la noche buscando las palabras
me desvelo en el llanto de la belleza escrita,
sin llegar a rozarte la imagen que me das.
La bondad de las aguas acariciando al mundo
como huyen de ti esos malos augurios
que tratan de cortar las alas que te dieron
las malas bocanadas del odio y de la envidia
que se mueren sin ser siquiera tu peligro.
Tu libro se ha reescrito bostezando el antaño
lo huraño ya no vale, se está muriendo ahora,
ya no se te presenta ni en sueños aún queriendo
porque han muerto por siempre
las armas y las almas que compraban el daño
y se te regalaba ese daño en la palabra.
Abrázate ahora a mi cuerpo de mármol
y vuélvete de angora para nuestra caricia
ésa que ahora derrocha amor, paz y sosiego
y deja que los ciegos sigan sin ver en ti
el mal que te intentaron,
el mal que aún se te intenta.
defenderé en afrenta cualquier mal venidero
haciendo mío primero el arma de defensa.
Ha cambiado tu estirpe,
ahora se te encuentra entre esas vestales
a diestra de los dioses donde sólo te abraza
la mar en sus orillas, las piedras de los ríos,
el canto de las aves el amor que ahora
es nuestro en todo amanecer.