Se me borran los números al despertarme,
olvido los sueños que he soñado,
deshago nuevamente terciopelos
para poder trasmitir las notas,
y los remos con que ayudo
a la luna a navegar.
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Hoy quisiera teñirme el pelo de aleluyas
y vestir de amor las claraboyas
donde entra la luz en hojarascas,
traídas de los vientos de mi niñez perdida.
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El cuerpo ya maduro se me duerme
de colores y brújulas perdidas
y la voz acompaña a los cordones rojos
que luzco en los zapatos cuando agacho
mis manos hacia el nudo.
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¡Quien pudiera pintar refugios en los miedos,
y monumentos grandiosos en pupitres
con los látigos que traen los eclipses!
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Los aplausos que de joven el sexo regalaba
son ahora canticos del recuerdo,
no olvidar las llaves, su escondite,
no tener que apuntar nada entre las nubes
ni en el aire que protesta entre las zarzas.
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No sé muy bien darle el verde a los barrancos
ni dar ese color azul a las renuncias
sólo guardo la niñez en el recuerdo
que se mezcla en el fondo donde arden
los sueños congelados mientras hablo
en mi silencio casi inmóvil.
Chema Muñoz©