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ALLENDE LOS MARES

Una silla en el porche perdida entre geranios,
ganándole a la tarde el futuro que viene.
Las cejas se entrelazan mirando a todas partes,
el gesto desenfado hace temer la lluvia,
y se avecina entretanto el grito de los vientos.

Se van a hacer la ronda por el barrio los gatos,
se apagan las farolas, se encienden chimeneas,
alrededor del sol de azul-añil los rayos,
viendo pasar la vida, sentado a media tarde
se ven pasar los años que pronto se agigantan.

Grises son ya las piedras que fueran verde antaño,
de vino y amapolas el rostro de los campos.
caliente como lava tiene el día las manos,
vestido de hojarascas lleva el color ungido,
desnudas las entrañas de la huella del agua.

La piel se le confunde con alfombras de piedras,
el vello son esquirlas muy secas de retama,
son sauces los cabellos que le sirven de sombra
a los cañaverales.

Y se va, se marcha poco a poco dejando ese requiebro
que le cantan las abisales al volver a su nido
desde los manantiales, se cubre todo el cielo
con una boina roja, roja y oro como el traje de luces
que lucen matadores, con la sangre entera,
con túnica de dioses que arrugan el horizonte
con la línea del mar, para morir muy lejos
allende de los mares.
.
Chema Muñoz©