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3.- LA EDAD DEL MAR.
.
Sigues en el deleite de admirar mi cuerpo,
de dormirte en el límite de mis perfiles,
de saberte el sonido de mis cantares,
de sufrirte en el lodo de mis dolores.

Soy ese desafío de soledades,
el desencanto de fuerzas de esos altares
que ocupo desde dentro de tus quereres,
pureza que regalas con tus mirares.
.
Me llamas a la puerta de ese pasado
que traes a la tuya de atardeceres,
recordando el sabor y los huracanes
que tu boca y mi boca vieron nacer.
Ardemos en sazón de nuestras sales,
las manos libres, envuelto el corazón
en bienvenidas que rozan a la tarde,
las huidas del miedo de morir,
de ser efímeros, envolviendo las horas
en deseos de ser rayos de luz de madrugadas.
.
Las arenas se hacen movedizas,
las estrellas se quedan en tus ojos,
en la luz que me traes al perfil, al sonido
y a los cantares que siguen resistiéndose
a los tiempos.
.
Cómo me gusta que recuerdes el amor que envolvió
nuestras miserias, logrando sin saber llegar al cielo,
esperando servir de amaneceres
y con un beso exterminar los miedos, pues la piel,
los ojos y los momentos siempre se quedan
sujetos en el alma, siempre son jóvenes
que abrazan sentimientos que nunca se disipan,
y se anquilosan a la edad de los amores
para verse siempre en la mirada misma de la paz,
en ese bálsamo que se asemeja a la edad
que siempre tiene el mar.

Chema Muñoz©