Un beso tuyo me sugiere ese sabor a vergüenza,
el espacio entre nosotros, el deseo de estar
más cerca sentados en tu distancia.
Me sugiere una mirada el desdén de un matrimonio
que no quisiera contigo, que nunca debí tener.
Se te lee entre las piernas lo negativo de andar
entre sábanas de hilo, entre las nubes del mar
o la espuma de las aguas.
Imposible naufragar entre los mares de nalgas
que encierras en las rodillas, cuánto más el ateísmo
que te traes entre las manos, ora sí ora nos vamos
y la locura te pierde entre pelotas y pecho sin saber
a qué jugar sin escuchar, sin un faro
que te sirviera de ayuda.
Te mata el ego apagado que se te enciende
en la frente, con gritos o desasosiego llevas pegado
a la piel un amor muerto, y el sonido de tu risa
ya muy lejos ya muy ciego.
Sueñas ya tarde los colores del arco-iris
la edad ya no te responde por los siglos
que nacen en la plata de tu pelo,
te comiste el caramelo que regala la alegría,
tus ventanas dan al patio como único horizonte
que te sugiere la vida, aunque descanses en otros
que te darán el adiós, cuando menos te lo esperes.
Se fueron por sus raíles los trenes del desamor,
la ilusión se transparenta, se pierde en las cataratas
de los surcos que se duelen y marchitan en tu rostro.
La expresión de tu sonrisa se secó como las piedras
que bailan en las veredas o le cantan a la luna.
Hablar de amor con las brujas que vuelan en la noche
es como pintar paredes en el espacio o en el aire,
sin arena, sin las hojas de laurel que cerraban tu cintura.
Ahorcar sirenas, lunares, los recuerdos que se fueron,
los jadeos que de puntillas suenan como las palomas
cuando se muere la tarde, se han perdido entre las olas
las lágrimas que ocultas, ¡qué recuerdos!, si las velas
que prendiste pudieran hablar ahora surgirían
mil preguntas, mil respuestas callarían como sueños
de diamantes, apagándose al final, bordándose a la deriva
y durmiendo en mis bolsillos las notas de las campanas
que sonaron aquel día y que huyeron una vez
tras los besos, tras la sed de encontrar de nuevo
un día lo que anduviera buscando puerta a puerta,
noche a noche, sueño a sueño, rompiendo
con las ofensas, por tantos momentos muertos.
Me fui a andar los caminos en busca de aquella orilla,
descalza por los deseos y rota por los suspiros,
por los caminos del agua y por los dolores del frio.
Como si estuviera escrito en un oasis de delirio
maduró en un suspiro entre reflejos de amor,
que me nació un espejismo, aquél que siempre busqué
el que desea toda alma, donde reposar sin duelo,
sin temor, sin las tinieblas donde repartir las piedras
de dolor por los barrancos, donde recostar sonrisas,
donde encender candelabros.
Lo que siempre había soñado, la luz de amor que soñé,
esa luz que había buscado, ¡esa luz por fin la hallé!
Chema Muñoz©