INVISIBLE
(A Élora, mi nieta)
Es invisible y está,
llena todos los espacios
todos los sonidos,
todas las sonrisas.
Es pequeña
y engrandece cuanto nos rodea,
es como Dios, es luz y enfado,
tiene la fuerza de un huracán
y ocupa el volumen que tiene un átomo.
Ahora no corre, vuela,
la vida es su comienzo,
se abre a todo,
todo le importa, todo lo soporta,
el dolor, la ausencia, una mirada,
se oculta dentro de sus montañas
esas que culmina en un te quiero
y adivina de reojo ese color
que da tu alma.
Se muere cuando huyes
cuando evitas subirla a las alturas
y le encanta volar, tocar el techo.
Es el remedio para tus heridas
y repite mil veces la misma canción,
la misma historia, la misma vida.
Ella ya fue una vez igual que ahora,
salió de sí misma y se aventura
a recorrer ese camino que se repite
como un eco, como la lluvia,
siempre la misma
pero es ahora, así, distinta
como lo son todas las gotas que caen del cielo.
Y yo la quiero,
¡cuanto la quiero! ¡y ella me quiere!
se me avecina cuando recorre las dimensiones
que nos separan,
esas que van desde mis brazos al universo,
del universo a su cintura la que sujeto cuando la alzo
hasta las nubes.
Y la recuerdo como si fuera hace un minuto
se ha repetido todo el amor que trajo en si
y su regalo se ha vuelto a mí ya repetido
ahora es madre de ese regalo casi escondido
casi invisible, que llena espacios
llena sonidos y sus sonrisas
lo llena todo y re recubre como la piel
como ese aire que la rodea
siendo mí abrigo.
Chema Muñoz ©