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LUZ DEL FARO
.
Raro es que desde un faro puedan
oírse las risas, los susurros,
o que las luces se tornen en besos
que dé la luna, que bajen a pisar
la arena o a bailar junto a las barcas
que reposan en la playa,
o recoger la toalla
que olvidamos a la noche.
.
Las luces tienen bastante
con lucirse y desangrarse,
vaciándose al horizonte
cuando ya nadie las ve,
es doloroso creerse y tenerse
como soles decorando nebulosas,
sin darse cuenta que existen
mares azules y rosas que dan paz
y dan aroma tan sólo con asomarse
al dintel de una ventana.
.
Hay destellos que se crecen
y regresan después de verse
olvidados, sin respuesta en su mirada,
con arrebatos que inflaman
las ínfulas con que iniciaron los huesos
de su realeza, y no tienen la certeza
de ser amados por nadie
mientras en bandadas
hacen pedazos sus almas.
.
Y es que forman en columnas
las algas con que se nutren
y se levantan en masa desfilando
sus heridas cautivas de tanto orgullo.

Nos quieren ver bajo tierra
para levantar cabeza, no importa
si la certeza les da o quita libertad,
pues viven del odio a lo tenue,
de corazones que ensanchan
las paredes de los pueblos,
de la opinión de los lerdos que desean apagar
las libertades por la fuerza.
¡Ellos y sólo sus testas
por encima de los dioses!
.
Son esas islas sin nadie que pululan
por océanos, vacías sin la presencia
de vida, donde se acaban sus noches
porque viven del reproche inacabado
y sin esencia, ¡como piedras!
.
Existen islas de leyenda,
esas cuya lozanía dan mano a la libertad,
sin miradas vengadoras, reposándose
en la aurora del regazo de su sombra,
ese faro que es luz que ilumina
en la distancia y olvida su arrogancia,
dando al hombre la esperanza
y el abrazo al horizonte.
.
Ese faro son los besos que nacen
bajo las aguas, porque ese faro
y ese agua son hermanos por naturaleza,
agua y faro que son los sueños
de la sangre que nos riega;
la luz es la voz de la piedra que emanamos
desde dentro,
el agua son océanos del recuerdos,
de esperanzas, de venturas,
de esa hierba que nos crece desde dentro
y da verdor a las almas de ese reino
que evoca fuentes y rocas
formando mares y cielos que se mueren con el faro,
cuando nacen las mañanas.
.
Chema Muñoz