Ven allá donde las manos encuentren unas manos,
ven allá, donde los aires refrescan las palabras
y elevan a los libros los bellos pensamientos
que crecen a tu lado y embellecen penumbras.
Ven allá, donde peldaños de mármol y de oro
esperan que tus pies recorran las mil leguas
de la arena del alma del desierto que siento.
Ven, voz de mis sentimientos,
espera enamorada del tiempo que nos falta,
caricia necesaria en la voz de la noche,
esa tierna dulzura que nos regala a veces
sonidos susurrantes que despiertan instintos.
Si tu no me vinieras vendría con mi historia
a rozar tu horizonte, a sujetar tu mano,
a besarte las aguas que rompiste sin mi,
habiendo deseado desde que te conozco,
ser tu Moisés por siempre, tu vara, tus arenas,
todos tus mandamientos y ser si me quisieras,
ese toro diamante que enloquezca las sábanas
que cubran nuestros cuerpos, y amarnos cada noche
hasta quedar abyectos.
Te espero con mis manos esperando tus manos,
mi boca en un susurro susurrando tu nombre,
mis ojos deseando dibujar tu silueta,
esa que llevas esculpiendo en tu amor por el mío,
por la que ya no siento mis cuatro extremidades
por la que sólo sueño el deseo de amarte.
Ven a mi amor de allá, desde la lejanía
y abandona por fin las negras soledades
que solo serán luz en el amor que añoro,
amor que torna en lecho montañas abisales.
Chema Muñoz©