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Description

No saben tus montes ni tus hojas
dormidas en su lecho la fuerza del perfume
que pueden dar tus pechos,
ni de tus soledades.

pueden surgir helechos que abracen en la noche
los pasos que deseo.

Ya puedo adivinar los ecos del recuerdo,
los sitios y las horas que dan las gaviotas
que vuelan en los sueños,
los celos verticales, ofrendas,
aquellos desempeños que se funden en uno
en su vuelo hacia el cielo.

La sal es el terreno espejo desde el aire
donde pintan reflejos de sombra y luz furtivas,
las aguas son cien lenguas con deseos lascivos
ansiosas de tus grutas distraídas del mar.

No cantes a la nada no le digas adiós
hasta que te amanezcan mi cuerpo ya en desorden, huracanes y llantos, molinos que den vueltas tratando de encontrar un aire que corone
vigilias en tu frente, aquellos mil diamantes,
la mano del gigante tendida hacia ti.

Existen laberintos,
no hay faros en la noche donde lloras a lluvias
ni existen los retornos del suspiro del agua.

renacen los espectros, se evaden de sus fuentes,
se derrumban los puentes hacia la eternidad.

Deslindo de tus manos violencias desde siempre,
tus huesos son pilares en la voz de las islas,
las cumbres son las torres que esconden
sus rincones borrando las esquinas
sangrándose en lo hondo.

Tu mirada es el viento humedeciendo espacios,
ojos que se detienen en las aguas del mar.

Los mares son hermanos que acarician las costas
y se apostan contigo al querer descansar
en desiertos de ostras, de arenas trashumantes,
de un pensamiento errante añorando al otoño,
adornando contigo el amor a la mar.

Soy corazón de aguas con olas-pensamiento
con piel de las escamas que nacen de la espuma
plata y nácar que habitan.

Dibujo con la sombra allá lejos distancia
mis venas se me nacen como estrías de coral.

chema muñoz©