Se creó aquí en la tierra la soledad de la aurora,
el resplandor que en las noches dibuja la luz de luna,
cuando juega con las sombras como azabache y de plata
Salen de sus escondrijos los temores que alimentan
los rumores que revientan el silencio de los besos,
cuando reparten caricias a cada nuevo solsticio.
A cada tiempo que pasa nacen frutas en las ramas,
y se vienen de regalo seres nuevos que repueblan
las planicies y las tribus dando color a praderas,
donde rezan a los Dioses dando gracias por espejos,
los de los cielos azules, los del mar, por las aguas de los ríos.
Por los lagos y lagunas que son como llaves que abren
Al llegar la primavera las puertas a las sonrisas.
Pero siempre hay otras puertas metáforas del dolor
aquellas que son pequeñas, diminutas, invisibles
las que te traen a la muerte, y te desahucian la vida
sin permiso, sin campanas sin cascabeles, sin prisas,
Como aguardando el momento para enterrar las sonrisas.
Estos son esos reveses creados por emular
los poderes de los Dioses,
doblegar naturalezas venidas desde el principio,
querer que las golondrinas dejen su vuelo constante
querer que se cambie el rumbo que han llevado las hormigas y cambiar la rotación de los planetas al sol.
No son dioses, son demonios
aquellos que contaminan este rumbo de la vida,
los que quieren gobernar los caminos
de los seres que viven en armonía,
estas flores, sean de oasis, de aire o sean del mar,
seres que naden, que vuelen, sean de ríos,
o los que saben andar.
El poder no es de ninguno de los que saben andar
el poder es de los remos que llevan dentro del alma
los que andan, los del mar, los del viento, los de las aguas de ríos, el poder solo es de aquellos y de los que pueden volar.
Chema Muñoz©