FUE DESDE MI VENTANA
Es en ese espacio propio, desde siempre, desde el comienzo
desde lo verde de un limonero hasta llegar a ser el fruto fresco
de esa fruta que empezó siendo esfuerzo, sudor y llantos,
y que acaricio ahora en hora temprana, y que será dulce
o agria como la propia vida.
Se parecen los dos niño y limón, verde y niñez,
a riesgo de caer de esa ventana en el suave colchón que da la tierra
o en los brazos tiernos y atentos que da una madre.
Madre y tierra juntas nos dan verdor y aire donde pisar,
volar mientras transcurre lento vida y crianza,
unas amargas, otras nos son tan dulces como ese azúcar
de una sonrisa mientras los dos se unen en la caricia,
limón y niño, ventana abierta hacia un futuro sin descontentos.
Quien te soñara entre amores y juegos,
cabalgando en el quicio de una ventana,
el mismo quicio que fuera mío en mi niñez,
la misma brisa, sin ese miedo a las alturas,
solo esperando esa soltura cuando entrelaza mi pelo
entre la luz del patio y entre las ramas,
en los rayos del sol cuando atardece
y se mecen el sol junto a la luna al morirse la tarde.
¿quién no quisiera, recordarte por siempre?
Un limón en mi mano, y la vida pasando
subido en el quicio de mi ventana
cabalgadura inerte que se ira disipando
al pasar de los tiempos
y las hormigas por el tallo en tu piel de limón
como caricias van subiendo a mi mano, van paseando
al igual que los años desde aquel limonero subido en mi ventana,
los fui olvidando.
Chema Muñoz©