HIJOS DE CAIN
Los que se llenan las manos
y la boca de plegarias
esperando que les caiga
del cielo una morena
los que comparten la noche
y retozan en el coche despreciando un buen colchón
los que abrimos nuestras calles
dándole un beso a la luna
los que llegamos a tientas
los que a tientas nos marchamos
por un mendrugo de pan
y soñamos a diario
con la princesa de un cuento
los que libamos de un cuenco
la bebida de la vida
los que huimos en patera desde nuestro corazón
por el mar de los deseos
los que rompen las promesas
por no romper ilusiones
los que esconden sufrimientos
en el fondo de las almas
los que se lloran los ojos
los que se muerden los labios
los que roban a diario
una sonrisa a la muerte
los que por no verse huyen
de la mirada de un niño
los que le hacen un guiño
al amor abandonado
los que reciben el uno por mil
de lo que entregan
los que se tragan al mundo
con los dientes apretados
y se juegan a los dados
lo que no les pertenece
los que sin razón se crecen
los que levantan la voz
en medio de los desiertos
los que se beben los vientos
por no beberse la rabia
los que se visten de blanco
por esconder la maldad
los que ocultan la verdad
los que se duelen por todo
y se abandonan a un sueño
los que comen de la mano
y son esclavos de un dueño
los que empiezan el camino
y no le ven nunca el fin
los que vamos tatuados
en el alma y en la piel
los que gritan a los cielos
que olviden de su existencia
los que pedimos paciencia
a la fuente de las cosas
que nos borren de la lista
como seres de tercera
como aves de rapiña
como voz en el silencio
que nos bajen de este mundo
donde se nos relaciona
como hijos de Caín
CHEMA MUÑOZ ©