LAS MOCITAS DE GRANADA.
De madrugada se acercan sentimientos de una zambra,
se escuchan por los jardines habitados por las almas
de los Reyes Nazaríes, que como villa rural
ornamentaban los huertos muy próximos a la Alhambra.
Desde el patio de la acequia la música de gorriones
bebiendo en su canturreo del agua fresca que nace
y riega las huertas secas de palacios que el Visir
los bautizara como a la casa real “casa de felicidad”.
Granada con sus jardines del agua
flores color rojo amapola,
las que nacen en la Alhambra
son flores color esmeralda
las que acarician, magnolias
entre tus manos y el sol
del color de la que dan
las flores de la granada.
Sus mujeres, sus sonrisas,
las de los lunares verdes,
las de la faldas gayombas
otras de geranio malva
y la que lleva un clavel
colgado de la solapa
hecho a mano y de papel.
Y por ahí van las mocitas a la fiesta del afío
sujetas de las muñecas con lazos de seda oro
y un pañuelo de organdí.
Las que van delante cantan, las que van detrás porfían
misteriosas, recatadas susurrando letanías.
Va cayendo ya la noche,
¡que oscura se ve la Alhambra!
se les une ese susurro que lleva el Darro en la noche
con la umbría oscuridad al musgo de la muralla,
mientras canta el muecín la Isha con los colores
los de la puesta del sol y aparecen las estrellas
avisando a la oración.
La noche ya se recoge preparándose al descanso,
huele a paz, llegan los sueños, ya se duerme el Albaicín,
una nana se oye a lo lejos cantada por soleá.
Cuando Granada se duerme entre fandango y jazmín
las niñas miran al cielo negro, zaino y de plata
tiene el ambiente el aroma que viene desde la fuente,
y el color rojo del cielo cuando se duerme Granada.
Chema Muñoz©