NI SIQUIERA SER HOMBRES
Hoy es la tristeza la que me acerca a vosotros,
la soledad desacompañada, los horizontes, los infinitos,
el estar prisionero en jaula de oro dentro de nuestras mentes,
amenazados y de rodillas ante riesgos de muerte,
lejos de la luna que hace nada veíamos de plata frente a nosotros.
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Hoy acuso al llanto impuesto, a la voz ensordecida,
al rojo vivo del grito de esclavos de un alma herida,
prisioneros de estanques robados a traición.
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Hoy arranco de cuajo arenas, espumas
y esperanzas rotas a golpes de mar,
del mal de aquellos que se han robado la altura de montañas
y añoran quedarse con el árbol de Dios.
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Que rebose la copa en sus amaneceres, que se lloren a sí mismos,
por romper los trigales entregando sus penas al don del egoísmo,
besándose entre muertos el éxito entre ellos,
dejándose escapar espigas como niños, sonrisas y lamentos
por llenarse de pan los siglos las auroras que ansían.
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Ellos comen vidas con la rabia que fueron engendrados
sin haber vivido rabia ni soledades, defienden libertades
que quitan a los otros con sus cuentos de enanos,
lavándose las manos de ilusiones y sangres que caen a sus espaldas
mientras abren la tierra y entierran sus errores
siendo nuestros mayores los que dormirán siempre
cerrándoles los ojos con leyes asesinas.
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Las olas se agigantan dentro de los acuarios,
caerán desde la cima asesinos cobardes
que juegan a ser reyes sin haber aprendido
ni siquiera a ser hombres.
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Los míos no lloraran cuando caigan banderas del color de amapolas
aquellas que se olvidan de los rayos del sol
y colocan el odio de banderas de antaño,
aquellas en mares del olvido,
de muertes por el hambre y muertes por el frio.
Chema Muñoz©