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Description

De tarde en tarde araña el viento el surco
y abre de par en par
la tierra yerta, el llano hambriento
de un tiempo en pedestal.

Los pueblos mueren cubiertos de agua
de arcilla y barro de pedernal
por mas que encale el viejo su casa
esta envejece en soledad.

Ya nada queda
solo la triste cara de un ayer medio arrugado
que el sol y el viento se encargaron de enterrar,
que ya ni ríe ni bosteza de cansado.

Ya todo es tierra,
que se confunde con el resto de la tierra,
que difumina el horizonte cuando cae el día
llevándose en sus manos lo que fue
de la alegría, de la vida y de la muerte,
de un pueblo vivo con sus casas y sus gentes
que se ha tornado en pavimento de labranza.

¿Donde quedó la energía de esa sangre,
que guerrera se derramaba hace tiempo en las contiendas,
alardeando de estandartes y banderas
y que al sonido de las trompas y tambores
sembró los campos con la carne de enemigos?


¿Dónde quedaron esos gritos de victoria,
que son la copla y el recuerdo de los viejos
que llevan dentro de su sangre, como historia,
de un tiempo viejo de una vieja gloria?

Los pueblos de hoy tienen manos temblorosas
cubren sus frentes una negra y tosca sombra,
como de muerte, con los cabellos débiles y canos.

Ya no se escuchan las canciones de los niños,
ahora el más niño pasa los cuarenta años,

y así de fácil, y poco a poco
se va perdiendo pueblo a pueblo en la llanura.

Sólo la sombra de cipreses y ataúdes
van relatando que aquí existió no ha mucho tiempo
un pueblo fuerte, muy cristiano y muy guerrero,
un pueblo libre y muy guerrero,
que aquí existió no ha mucho tiempo
una sonrisa y el dolor de algunos partos,
que aquí existió, que ya no existe
una gran raza, sin arrugas ni amarguras.

Chema Muñoz.