SABERME Y TENERME.
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Yo quisiera tenerme las manos en la aurora
y retocar siquiera esos amaneceres
y volverlos de sol para unirse a tu boca
y besarte los rayos que nacen de tus labios.
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Yo quisiera tenerme los dedos como ríos
y humedecer las pieles que huyen a los montes
y bajan a los valles donde duermo contigo
al abrazo de sombras y oculto por tu pelo.
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Yo quisiera saberme como me sabes tú
a ese sabor a hojaldre a la nata que endulza
la espuma de los mares y oler como tú hueles
cuando llega la tarde y se mezclan aromas
de la naturaleza con el perfume eterno
que ofreces con los pasos entre el campo que linda
entre los manantiales y la entrada a tu casa.
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Se me acercan a veces mariposas volando,
me cantan al oído aquellas melodías que escucho
en primavera, cuanta sangre me hierve
cuando tú y yo sufrimos,
tú desde tu ventana yo desde los racimos
los que paseamos juntos cuando se nos va el día
y se nos viene el alma al deseo de los cuerpos.
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Yo quisiera saberme y tenerme siquiera
en dominio de fuegos los que se nos escapan,
los que se vienen luego y nos dan a volcanes
al venir de la noche, cuando los alacranes
envenenan de un beso y la pasión nos mata
y se alejan las horas y se acercan los cuerpos.
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Yo quisiera tenerte y saberte por siempre
ese trozo del alma que nos dura universos
al marchar la mañana.
Chema Muñoz. ©