TOBOGÁN DE ESPERANZA
Me apoyaba en el quicio,
o escuchaba sentado al lado de la sal
de la puerta de arena.
Olía a hierbabuena, al olor peculiar
de las cabras de casa, al de las magdalenas
que hacía en el nido aquellas tardes
mientras cantaba canciones plañideras
mi madre, las de Juanita Reina.
Yo buscaba ser hombre removiendo la tierra,
y la tierra lloraba como todas las tarde
escuchando a mi madre canciones de su tierra.
Los instantes son únicos, nunca se nos van,
se nos pegan dragones sacados de las rocas,
y los besos se juntan todos bajo la luna.
Siempre toco el sombrero cuando nacen los astros,
me arrodillo despacio a la sombra de un árbol,
agradezco estar vivo y tener esperanza
cuando están mis amigos al hilo de la vida,
añorando la infancia.
Pero no hay vuelta atrás, si la hubiera sería
un pájaro sin nido, un árbol destruido,
un volver al principio sin conocer la historia,
los lagartos corriendo huyendo de los búhos.
No existirían Quevedo, ni Miguel, ni Cervantes,
mi vida entre candiles aguardando que el sol
diera luz a mi pluma y que llegara el beso
que me das cada noche antes de desnudarte
y contarme tus cosas.
Me apoyaba en el quicio buscando los recuerdos
que te traía a mis brazos, con esos ojos claros,
su verde llamarada, las olas de tu amor
posándose en mi sueño
tobogán de esperanza.
Me apoyaba en el quicio,
o escuchaba sentado al lado de la sal
de la puerta de arena.
Me apoyaba en el quicio limpiando el tobogán
que te trae a mis brazos, con esos ojos claros,
su verde llamarada, las olas de tu amor
posándose en mi sueño
volando la cometa mientras vienen a mi
tus orillas de plata, y tu mar que me espera.
volando la cometa mientras vienen a mi
tus orillas de plata, y tu mar que me espera.
Chema Muñoz©