Bien sabemos las dimensiones sociohistóricas de un Código de las Familias que, en detrimento del aún vigente, deviene punto de inflexión para aceptar la diversidad familiar de la Cuba de hoy, enfatizar en la equidad de todos sus modelos y roles, así como para asumir al amor, el afecto, la solidaridad, la responsabilidad y los derechos humanos como alicientes para nuestro bienestar