La palabra de cierta forma es un organismo vivo. Nace, crece, se reproduce y muere. Algunas parecen inmortales y van por ahí, de boca en boca, sin que nosotros, los portadores, sepamos de su antiquísima existencia. Sobrevivieron a batallas, egos, metamorfosis y, sobre todo, al indetenible látigo del tiempo.
"Qué buen idioma el mío _nos decía Neruda_ qué buena lengua heredamos de los conquistadores. Andaban a zancadas, por las coordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco, oro, maíz..., con aquel apetito voraz que nunca se ha visto en el mundo... Todo se lo tragaban. Salimos perdiendo, salimos ganando, se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se lo llevaron todo y nos dejaron todo. Nos dejaron las palabras".