¿Cuál es la mejor forma de guardar un secreto? La respuesta es sencilla: no contárselo a nadie, no hacerlo público. En la actualidad ningún lugar, ya sea físico o virtual, es seguro, y proclamar a los cuatro vientos opiniones o conquistas puede resultar como consecuencia la pérdida de un logro. En la Segunda Guerra Mundial, cuando las apuestas se hacían con almas, el descuido multiplicaba los daños por materializarse en las muertes de inocentes. Miguel Ángel Maca, en sus Visiones de la Antigüedad, nos propone un viaje a la Polonia ocupada por los nazis para conocer la historia de dos doctores que, gracias a su cautela, lograron salvar miles de vidas. Eugeneniusz Lazowski y Stanislaw Matulewicz, los precursores del gran engaño del tifus. Unos hombres del pueblo, sencillos, señores con mayúscula sin necesidad de haber pertenecido a ninguno de los habituales clubes decimonónicos de caballeros, que nos transmiten a través de sus vivencias cuál fue el secreto de su éxito, cuál es una de las claves del triunfo: treinta años de silencio, o lo que es lo mismo, saber callar a tiempo.