“La persona que se supone muerta y ha sido reanimada por arte de brujería u otros medios oscuros con el fin de dominar su voluntad”, así define el diccionario a los Zombis. Así, los zombis son supuestamente cuerpos que se devuelven a la vida para ser usados como esclavos. La leyenda de los muertos vivientes está indefectiblemente asociada al vudú, ya que, según esta creencia, un hechicero puede convertir en zombi tanto a un muerto como a un vivo al que extrae el alma. Por alguna razón, quizá morbosa, el concepto zombi fascina a la humanidad. Esta atracción se ha visto reflejada últimamente en series de TV como The Walking Dead, y películas como Guerra Mundial Z, todas ellas inspiradas en el clásico de culto “La noche de los muertos vivientes”
Los zombis son una paradoja física. Son muertos vivientes, pero se mueven como si estuvieran vivos. Están fríos y sin vida, pero de alguna manera rompen cráneos para desenterrar un tesoro de cerebros. Son de movimientos lentos, pero lo compensan con una fuerza sobrenatural que acaban atrapando a cualquier persona que pueda respirar. Se pudren, pero se apoderan en su caótico periplo a los más desafortunados. Sin embargo, de acuerdo con nuestra comprensión actual de la biología humana, los zombis simplemente no pueden existir. ¿O tal vez sí?