La felicidad es una palabra tan mágica que para algunos se pierde en algún sueño, pertenece a las tierras encantadas, ajenas a este mundo y, por lo mismo, inalcanzable.
La felicidad, tal como lo entienden otros, está tan devaluada, que se atreven a afirmar que son felices, aun cuando internamente viven en un mundo lleno de angustias y temores y de inestabilidades emocionales.
Así pues, mientras que para unos la felicidad es como una estrella a la que únicamente se puede observar desde lejos,
para otros, la palabra ha perdido su sentido original, y, simplemente, se ha degradado al punto en que ha dejado de significar lo que originalmente representaba para todos los seres; sin embargo, la felicidad representa un bello estado del ser que se encuentra permanentemente al alcance de todos aquellos que se atrevan a vivir en el presente y que puedan aprender a disociar perfectamente esos dos aspectos que la misma naturaleza humana les presenta llamándolos el impulso de la evolución y la necesidad de aceptación.
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Aprendamos entonces, a vivir internamente sanos, a cultivar dentro de nosotros el equilibrio permanente de nuestras emociones, haciendo que cada uno de nuestros pasos en la vida, se convierta en una lección en donde podamos aprender la forma de ser feliz.
Texto extraido de El Camino hacia la Felicidad, de la Maestra Kuan Yin