En la vida todo lo que existe a nuestro alrededor fue creado por nosotros, consciente o inconscientemente. Somos seres dotados de voluntad y consciencia, y a través de ellas tenemos el poder de crear. Eso nos hace diferentes del resto de los seres en la naturaleza.
Idealmente ejercitaríamos nuestra voluntad de manera consciente para emplear nuestra capacidad creativa, y construir el mundo que deseamos y merecemos. Y allí se encuentra ese pequeño detalle que hace la diferencia en nuestras vidas, en este caso es la consciencia que tenemos de lo que merecemos recibir mientras completamos nuestro peregrinaje en este planeta.
Esto es algo básico, está muy arraigado dentro de nosotros, y está estrechamente ligado a nuestra estima. La vida es nuestro espejo, y no nos otorga a cambio más que aquello que nosotros podemos ver en nosotros mismos.
Nuestra consciencia de merecimiento tiene que ver con nuestras creencias fundamentales, y tiene su raíz en lo que creemos que somos. Si, es correcto en lo que creemos que somos, y no lo que realmente somos.
(...) (...)
La manera más sencilla de permitir que nuestra consciencia de merecimiento se traduzca en abundancia y prosperidad, es actuar coherentemente, sincronizar nuestros pensamientos, palabras, emociones y acciones.
Esto se logra fácilmente cuando al percibir la inspiración que brinda nuestra intuición (fruto de nuestro recién adquirido más elevado nivel de consciencia), procedemos a asimilarla tan pronto como podamos, para poder expresarla de la manera más fiel posible, mediante acciones que beneficien a todos.
A partir de ese momento, desde la conciencia de merecerlo todo, podrá elegir que desea manifestar en su vida, sea prosperidad financiera, bienestar emocional, o bienaventuranza. Y lo mejor es que no tendrá que elegir, podrá tener tanto como crea que se merezca. Y recuerde, es su derecho de nacimiento.
En adelante, al hacer lo que decida hacer, hágalo de corazón y con convicción en sus nuevas creencias, los resultados tal vez le sorprendan.
Claudio María Domínguez