Todos tenemos deseos de cosas que queremos obtener y logros que queremos realizar, y sin darnos cuenta nos zambullimos en ellos cruzando la frágil línea que separa el anhelo convirtiéndolo en expectativa. Es un límite muy tenue, donde nuestro deseo queda transformado al dejarnos llevar por nuestras creencias, creando una matriz, una idea, un “cómo debería ser” esa realidad. Visualizamos, y nos hacemos la película mental completa del cómo, del cuándo, y del donde.
Es natural que soñemos y nos imaginemos aquello que queremos y que nos apasiona,
(...) (...)
Cuando tenemos expectativas, sentimos añoranza por aquello que no tenemos y el Universo nos complace dándonos más de lo mismo, nos da más el seguir sintiendo “deseos por conseguir aquello que nos falta”. Si no tenemos expectativas de lo que queremos que ocurra, jamás nos sentiremos defraudados.
No es tan difícil NO tener expectativas, solo vibra con la alegría que sientes sin poner tu atención en los resultados y déjate sorprender.
Recuerda: Cuando tenemos expectativas no le estamos entregando nuestra voluntad a nuestro ser superior y seguimos manifestando más de lo mismo en nuestras vidas, nada nuevo sucede porque nuestros programas son los que están al mando.
Suelta y ábrete a lo inesperado con confianza. Al no esperar nada, no hay manera de sentirte desilusionado.
Jocelyne Ramniceanu
https://www.facebook.com/ReflexionesDeLuz