¿En qué medida mi camino de búsqueda se ha transformado en una forma de adicción a mí mismo?
En la búsqueda de una espiritualidad más profunda es posible que hayamos decidido ser fieles a nosotros mismos. Algunos, cansados del estilo de vida tradicional, podemos haber definido que de aquí en adelante viviremos completamente en el presente y para nuestro bienestar.
Es posible también que nos hayamos dado cuenta que, en cierto nivel, hemos vivido una vida falsa, pues hemos estado viviendo según los estándares de nuestros seres queridos. Puede que hayamos hecho el insight sobre cómo nuestra crianza, la relación con nuestros padres, abuelos o incluso nuestra cultura influyeron en la manera de vivirnos. Algunos puede que hayan percibido cómo la noción de pecado original los hizo sentir con baja autoestima por muchos años. Incluso podemos habernos dado cuenta cómo mendigábamos el afecto de muchas maneras, burdas o sutiles, y en ese proceso decidimos ponernos en el centro de nuestra búsqueda y bienestar. Para los fines de esta reflexión las razones son irrelevantes.
La empresa de buscarse a sí mismo o de profundizar en la espiritualidad y el sentido de la vida puede habernos llevado al callejón sin salida de la adicción a nosotros mismos, la adicción al consumo de productos espirituales, talleres, charlas, conferencias, retiros, terapias. A veces, la adicción nos puede llevar a ir a todas las actividades que nos sacan de nuestra cruda realidad. Algunos podrían plantear si en alguna medida este camino es una evitación.
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La espiritualidad es vertical, es una relación conmigo mismo y lo superior. Por otro lado, es horizontal y se manifiesta en mi relación con los demás. La dimensión vertical es privada y me conecta con mis imágenes interiores y mi sabiduría, mientras que la horizontal me pone en relación con las personas, los demás seres encarnados y con mi entorno. Generalmente, quien se encuentra en la adicción a sí mismo ha potenciado la espiritualidad vertical y ha descuidado la espiritualidad horizontal. En la adicción a sí misma, la persona se encuentra embriagada por sus estados interiores y el culto a sí misma.
La espiritualidad actual implica un equilibrio entre adentro y afuera, y el sentido siempre involucra a otros a quienes las consecuencias de mi trabajo y acciones en el mundo afectan. La vida es sabia y encontrará medios hábiles para despertarnos de este autoengaño.
Fuente: Revista Somos
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