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Hace tres mil años había un ser humano igual que tú y yo que vivía cerca de una ciudad rodeada de montañas.
Este ser humano estudiaba para convertirse en un chamán, para aprender el conocimiento de sus ancestros. Pero no estaba totalmente de acuerdo con todo lo que aprendía. En su corazón sentía que debía de haber algo más.

Un día, mientras dormía en una cueva, soñó que veía su propio cuerpo durmiendo.
Salió de la cueva a una noche de luna llena. El cielo estaba despejado y vio una infinidad de estrellas.
Entonces, algo sucedió en su interior que transformo su vida para siempre.
Se miró las manos, sintió su cuerpo y oyó su propia voz que decía: “Estoy hecho de Luz; estoy hecho de estrellas”.
Miró al cielo de nuevo y se dio cuenta de que no son las estrellas las que crean la luz, sino que la luz la que crea las estrellas.

(...) (...)

Y llego a la conclusión de que la percepción humana es sólo luz que percibe luz.
También se dio cuenta de que la materia es un espejo –todo es un espejo que refleja luz y crea imágenes de esa luz-, y el mundo de la ilusión, el Sueño, es tan sólo como un humo que nos impide ver lo que realmente somos.
“Lo que realmente somos, es puro amor, pura luz”

(...) (...)

“Soy Espejo Humeante porque me veo en todos vosotros, pero no nos reconocemos mutuamente por el humo que hay entre nosotros.
El humo es el Sueño y el espejo eres tú, el soñador”.

Extracto del libro Los Cuatro Acuerdos. Un libro de sabiduría tolteca del Dr. Miguel Ruiz.