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Hay cosas que nos duelen y queremos soltar.
Nos da miedo el dolor del desprendimiento o afrontar una batalla.
El dolor continuo es resultado del apego que tenemos hacia lo que nos lastima.

Renunciando al apego que tenemos por lo que nos hiere, el desprendimiento es menos doloroso, indoloro o incluso gozoso.
Sólo soltar, con intención pura, facilita las cosas.

Hay cosas que nos lastiman en la vida. Pueden ser pensamientos, hábitos, palabras (sobre todo las que nos decimos a nosotros mismos), relaciones, trabajos, comidas, sustancias, etc. Algunas veces nos aficionamos a ellas y otras sentimos que estamos esclavizados por ellas, y que no las podemos dejar. Sin importar cuán fácil o difícil te parezca esto que voy a decir, lo cierto es que en ambos casos lo único que hace falta que se tome con seriedad es la decisión de soltar.

El apego nos obliga a vivir con el verdugo. Una vez más, ya sea por afición o por esclavitud, nos acostumbramos a vivir hiriéndonos o recibiendo agravios, y nos apegamos a ello. Abrazamos el sufrimiento.
Nos obligamos a convertirnos en víctimas, y para toda víctima hay un verdugo, ya sea este verdugo un pensamiento, una emoción, una persona, una sustancia o un trabajo insatisfactorio. Todo esto a través del apego.

(...) (...)

Si sufres, suelta. De golpe, si puedes. O poco a poco, si quieres.
Pero empieza a soltar lo que te lastima. Ya no recibas los daños que te hacen. Y ya no abraces los hábitos que te meten en dificultades.

La vida tiene muchas cosas para ti. Y tú puedes soltar el sufrimiento y elegir el gozo.

Yo pienso que DiosTodo así lo quiere.

El Loco
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