El temor a la pérdida ocasiona que la vida se nos escape tratando de retener lo que ya no nos contribuye en nada. Es así como se genera el tan nombrado “apego”. Esa condición emocional y mental que nos hace aferrarnos a cosas, hábitos, adicciones, bienes, ideas, sitios y personas de una manera equivocada y hasta enfermiza porque creemos que sin ellos no podremos ser felices.
Analizando a fondo descubrirás que la razón de cualquier forma de dolor o sufrimiento es el apego. Y la solución está en ti, en entender que la felicidad es un estado, una opción natural, un derecho divino. No supedites tu felicidad a eventos o a personas.
Hay algunas cosas con las que piensas que sin ellas no podrías vivir. Pero si te detienes y observas a otros, notarás que no las poseen y son felices. Igual sucede con esos elementos que en el pasado te parecían trascendentales y que ahora ya no están. O peor aún, a veces nos apegamos a aquello que ni siquiera es nuestro. Y yo te pregunto: ¿cómo se puede aferrar y tener miedo a perder algo que nunca ha sido de uno?; además: ¿es verdaderamente tuyo? nada material ni nadie nos pertenece.
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Comprende que lo que es tuyo se quedará y lo que no, simplemente debes soltarlo para que se aleje.
Que no te gobiernen tus deseos, rehúsate a continuar sufriendo y deja que Dios actué en ti, que active el recuerdo de quien eres y de donde procedes.
Entrega los apegos, recibirás a cambio una lluvia de bendiciones.
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