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La mente es una fábrica de preguntas que ella misma no puede contestar pero incansablemente trata de analizar y entre las preguntas que frecuentemente se hace están las siguientes…. ¿Qué hice mal? ¿En qué fallé o en que me equivoqué? o ¿Porque no lo hice de otra manera? Cuando caemos en este tipo de cuestionamientos es porque ya nos estamos sintiendo culpables incluso antes de formularnos la pregunta.

La culpa es un ataque hacia nosotros mismos que proviene de la ira reprimida, de las situaciones que no se tornaron en nuestro favor dejando nuestras expectativas insatisfechas y nos producen rabia, resentimiento, y cuando estas emociones las bloqueamos o no las logramos procesar sanamente y nos las guardamos, nos van carcomiendo internamente. Ellas se van acumulando alimentadas por pensamientos negativos de desvalorización, de lo que nos decimos una y otra vez llevándonos a veces a un sufrimiento excesivo. Nos sentimos indignos y no merecedores.

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La vida es un salón de clase donde tú escoges que deseas aprender, tal vez decidas comprender que la culpa solo existe cuando crees en ella y permitas a la mente llevarte en un viaje lejano al pasado pero te invito a dejar de luchar contra los fantasmas y aceptar que todo lo que existe es el momento presente y sentir que el amor en ti es real. Abandona las trampas de la mente que te quitan la paz zafándote de sus garras, evitando prestarles atención y solo siente. Muchas veces tu cuerpo será el maestro que te devolverá al presente.

Amarte a ti y a otros es perdonar los errores de pensamiento acerca de ti y de otros. Es ser uno con tu ser real. Es vivir desde tu presencia.
El ser verdadero no puede sentirse culpable ni orgulloso, ni exitoso, ni fracasado, tu verdadero ser carece de opiniones y juicios. Conéctate con tu verdadero ser a través de estar presente y reconoce cuando te sientas distraído que permitiste que la mente te maneje, regresa de nuevo, respira profundamente y siente.

Jocelyne Ramniceanu