Por: Clara Lídice Valenzuela
En una soberana decisión, el gobierno izquierdista de Nicaragua rompió relaciones con la Organización de Estados Americanos (OEA), expulsó a sus funcionarios y le cerró sus oficinas en Managua, en respuesta a las continuas agresiones y posiciones golpistas contra su pueblo y la Revolución Sandinista.
Nicaragua había solicitado su salida oficialmente de esa agrupación controlada por Estados Unidos (EE. UU.) en noviembre del pasado año, y cumplía los trámites para hacerla efectiva, pero en una sorpresiva decisión debido a nuevas amenazas, aceleró el proceso que puso punto final a esa historia de infamias e injerencias de un foro considerado instrumento de agresión contra los gobiernos progresistas y de izquierda de América Latina.
El pasado día 24, el canciller nicaragüense Denis Moncada anunció que el gobierno presidido por Daniel Ortega retiró las credenciales de sus representantes Orlando Tardencilla, Iván Lara y Michel Campbell, ante la institución con sede en Washington, muy próxima a los gabinetes de sus verdaderos jefes desde que fue fundada en 1948.